Navegando- fractales digitalizados 46 x 41
agosto 26 2016
Bienvenidos a mi página para compartir la diversidad del Arte en sus múltiples manifestaciones.
La INGRATITUD:
Yo era como la niebla. Hasta mi sombra parecía ausente.
Invisible, etérea, transparente,
por aquella acera transitaba.
¿Por qué nadie me vio cuando pasaba
perlada de rocío y sueños, tan sola y aterrada?
Llevaba apretando los recuerdos
entre mis imaginadas alas
y arrastraba el dolor a cada paso en medio de la nada.
Yo se que percibieron mi perfume
y mis salobres lágrimas.
Alguno me imaginó danzando en la niebla azulada.
Otros no tuvieron tiempo...
Otros no dijeron nada...
Yo desaparecí fingiendo
que ya no me importaba.
2016
(De mi próximo libro "Mis yoes inmediatos"
Yo era como la niebla. Hasta mi sombra parecía ausente.
Invisible, etérea, transparente,
por aquella acera transitaba.
¿Por qué nadie me vio cuando pasaba
perlada de rocío y sueños, tan sola y aterrada?
Llevaba apretando los recuerdos
entre mis imaginadas alas
y arrastraba el dolor a cada paso en medio de la nada.
Yo se que percibieron mi perfume
y mis salobres lágrimas.
Alguno me imaginó danzando en la niebla azulada.
Otros no tuvieron tiempo...
Otros no dijeron nada...
Yo desaparecí fingiendo
que ya no me importaba.
2016
(De mi próximo libro "Mis yoes inmediatos"
DELMIRO
Doña Petrona vivía con Solana, la menor de sus hijas al costado del algarrobo viejo. Un rancho humilde pero cuidado. Siempre provisto de chipaco y mate para el que llegara. Indalecia y Fortunata se habían acollarado con los hermanos Pereyra. El Pancho y el Anacleto, hijos de Adolfa, conocida comadrona del pueblo y sus aledaños. Gente honesta y de trabajo. Gozaban del aprecio de todos los vecinos y la Adolfa, además de partera, oficiaba de mano santa cada vez que algún enfermo la requería. La Petrona era casi feliz. Si no fuera por la muerte de su marido que la dejó viuda tan joven, ella hubiera sido plenamente feliz. ¡ Lo extrañaba tanto! Tata Dios lo sabía. Desde hacía algunos años, tenía la manía de sentarse todas las noches a mirar las estrellas. Aunque hiciera frío. Después de comer alguito para que no haga ruido la panza, en cuanto Solana se acostaba, ella aprovechaba la soledad para contemplar el cielo. Le había puesto nombre a las estrellas y del lucero decía que era su Delmiro que desde allí la acompañaba. ¿ Por qué será que hay noches que están todas brillantes y titilando como mandando mensajes y otras que no? Se preguntaba. Algunas veces hay pocas, ¿se irán pá otro lado? ¿será lo que se dice almas errantes? Por suerte mi Delmiro siempre está. Claro, si no hay tormenta. La lluvia es cuando las estrellas lloran. Debe ser así... por eso cuando hay alegría brillan más. Mi hombre está feliz. Mi delmiro siempre brilla.
El párroco, amigable y refranero, aprovechó la fiesta del patrono del pueblo para hablarles del matrimonio a todos aquellos que aún no habían cumplido con el sagrado sacramento. La Adolfa se sintió tocada en su sensibilidad y allí mismo arregló con el padre Jorge el casamiento de sus hijos Pancho y Anacleto con las hijas de la Petrona. Fortunata estaba preñada y próxima a parir, por lo que decidieron harían una sola ceremonia. Cristianarían al recién nacido el mismo día del matrimonio.
La pequeña capilla adornada con flores silvestres e iluminada con infinidad de velas, estaba colmada de parroquianos y amigos empilchados con lo mejor que tenían. La fuerte lluvia no los amilanó. Los senderos anegados dificultaron el traslado de los novios y el bebé, pero llegaron a horario y el párroco rebosaba alegría.
Al terminar la ceremonia, ya el cielo se había abierto y la luna iluminaba el camino. Petrona, vio de pronto al salir de la iglesia en un charco que dejó la lluvia, una luz titilante que relucía. Era el lucero reflejado en el agua.
- Hijas... hijas... ¡ vino papá !- y parada frente al charco rompió en sollozos. Algunos dudaron de su cordura. Otros se persignaron. Pero ella sabía que Delmiro, su Delmiro, estaba más cerca que nunca compartiendo su vida.
( de mi libro en preparación)
Doña Petrona vivía con Solana, la menor de sus hijas al costado del algarrobo viejo. Un rancho humilde pero cuidado. Siempre provisto de chipaco y mate para el que llegara. Indalecia y Fortunata se habían acollarado con los hermanos Pereyra. El Pancho y el Anacleto, hijos de Adolfa, conocida comadrona del pueblo y sus aledaños. Gente honesta y de trabajo. Gozaban del aprecio de todos los vecinos y la Adolfa, además de partera, oficiaba de mano santa cada vez que algún enfermo la requería. La Petrona era casi feliz. Si no fuera por la muerte de su marido que la dejó viuda tan joven, ella hubiera sido plenamente feliz. ¡ Lo extrañaba tanto! Tata Dios lo sabía. Desde hacía algunos años, tenía la manía de sentarse todas las noches a mirar las estrellas. Aunque hiciera frío. Después de comer alguito para que no haga ruido la panza, en cuanto Solana se acostaba, ella aprovechaba la soledad para contemplar el cielo. Le había puesto nombre a las estrellas y del lucero decía que era su Delmiro que desde allí la acompañaba. ¿ Por qué será que hay noches que están todas brillantes y titilando como mandando mensajes y otras que no? Se preguntaba. Algunas veces hay pocas, ¿se irán pá otro lado? ¿será lo que se dice almas errantes? Por suerte mi Delmiro siempre está. Claro, si no hay tormenta. La lluvia es cuando las estrellas lloran. Debe ser así... por eso cuando hay alegría brillan más. Mi hombre está feliz. Mi delmiro siempre brilla.
El párroco, amigable y refranero, aprovechó la fiesta del patrono del pueblo para hablarles del matrimonio a todos aquellos que aún no habían cumplido con el sagrado sacramento. La Adolfa se sintió tocada en su sensibilidad y allí mismo arregló con el padre Jorge el casamiento de sus hijos Pancho y Anacleto con las hijas de la Petrona. Fortunata estaba preñada y próxima a parir, por lo que decidieron harían una sola ceremonia. Cristianarían al recién nacido el mismo día del matrimonio.
La pequeña capilla adornada con flores silvestres e iluminada con infinidad de velas, estaba colmada de parroquianos y amigos empilchados con lo mejor que tenían. La fuerte lluvia no los amilanó. Los senderos anegados dificultaron el traslado de los novios y el bebé, pero llegaron a horario y el párroco rebosaba alegría.
Al terminar la ceremonia, ya el cielo se había abierto y la luna iluminaba el camino. Petrona, vio de pronto al salir de la iglesia en un charco que dejó la lluvia, una luz titilante que relucía. Era el lucero reflejado en el agua.
- Hijas... hijas... ¡ vino papá !- y parada frente al charco rompió en sollozos. Algunos dudaron de su cordura. Otros se persignaron. Pero ella sabía que Delmiro, su Delmiro, estaba más cerca que nunca compartiendo su vida.
( de mi libro en preparación)
Enigma 4 - (Filosofía Vegetal)
Se esparcieron las semillas
que desde el Universo
el Hacedor sembrara...
ávida la tierra la recibe
con su sedienta boca desvelada,
y , cada región o continente, la esparce,
la entierra o la descarta.
Solo crecen algunas, las mejores
y solo florecen unas cuantas.
(poema que acompaña mi obra digital)
22.01.2015
Se esparcieron las semillas
que desde el Universo
el Hacedor sembrara...
ávida la tierra la recibe
con su sedienta boca desvelada,
y , cada región o continente, la esparce,
la entierra o la descarta.
Solo crecen algunas, las mejores
y solo florecen unas cuantas.
(poema que acompaña mi obra digital)
22.01.2015
EL NAUFRAGO
Altos acantilados de negras rocas volcánicas bordeaban la isla que mirada desde allí, era totalmente árida. Como fantasmas enhiestos, las formaciones rocosas y la niebla del anochecer la hacían más tétrica todavía. El calor era sofocante.
Parado en aquella playa desolada, contempló conmovido la dureza del paisaje. Con las pocas fuerzas que le quedaban, empujó el bote hasta un lugar donde las olas no lo arrastraran. No podía perderlo, de él dependía si quería seguir en busca de la salvación. Se dejó caer aplastando la arena con sus anchas y curtidas espaldas mientras observaba el cielo encapotado.
El nunca había creído en deidades, ni dioses, ni nada... era totalmente agnóstico, pero de improviso, musitando una oración aprendida de niño se fue durmiendo.
Había navegado todos los mares desafiando a Poseidón cada vez que éste hundía su tridente levantando tempestades, pero ahora, el rey del mar lo hizo zozobrar convirtiéndolo en un náufrago indefenso y confuso.
Lo despertó la lluvia cuando amanecía. Con avidez y regocijo, bebió largamente el agua fresca y reconfortante. Se acordó que hacía mucho no se alimentaba. Esperó guarecido en una saliente de piedra caliza y cuando la tormenta pasó, decidió explorar la isla. Trepó con dificultad algunas rocas, luego otras y otras...solo veía la desolación de una superficie volcánica sin rastros de vegetación. Se resbaló varias veces ,le dolía todo y estaba hambriento. Se alegró que el sol aún no se asomara con su fuego inclemente que como látigo había azotado su cuerpo varios días. Al apoyar su mano en una roca, descubrió varios huevos oscuros en un nido oscuro también. Sin pensarlo los comió con ansiedad. No sintió ningún sabor, pero supo que podría vivir un poco más. Buscaría otros nidos. No había visto ningún pájaro aún.
Extrañas formaciones de piedra caliza, le hicieron pensar en un templo megalítico.
¿Dónde estaba? ¿A dónde lo había empujado el mar? ¿Qué era aquello? En Escandinavia había visto algo parecido que se remontaba a varios siglos aC. pero ahora estaba en otras latitudes... sus cansados pero bellos ojos verdes se llenaron de asombro y duda. Caminó entre aquellas fantasmales formaciones y si hubiera sido gorila- pensó- se hubiera golpeado el pecho en señal de posesión.
Aquel viejo marino tenía aún la fortaleza espiritual que lo mantenía esperanzado y sacando fuerzas dio toda la vuelta a la isla encontrándose de nuevo frente a su pequeña embarcación rescatada del naufragio.
Miró la isla inhóspita y desierta, arrastró el bote hasta el agua y se perdió nuevamente en el mar.
Gilda Ledesma Blashett - Bs.As. marzo 2014
Reservado todos los derechos
Altos acantilados de negras rocas volcánicas bordeaban la isla que mirada desde allí, era totalmente árida. Como fantasmas enhiestos, las formaciones rocosas y la niebla del anochecer la hacían más tétrica todavía. El calor era sofocante.
Parado en aquella playa desolada, contempló conmovido la dureza del paisaje. Con las pocas fuerzas que le quedaban, empujó el bote hasta un lugar donde las olas no lo arrastraran. No podía perderlo, de él dependía si quería seguir en busca de la salvación. Se dejó caer aplastando la arena con sus anchas y curtidas espaldas mientras observaba el cielo encapotado.
El nunca había creído en deidades, ni dioses, ni nada... era totalmente agnóstico, pero de improviso, musitando una oración aprendida de niño se fue durmiendo.
Había navegado todos los mares desafiando a Poseidón cada vez que éste hundía su tridente levantando tempestades, pero ahora, el rey del mar lo hizo zozobrar convirtiéndolo en un náufrago indefenso y confuso.
Lo despertó la lluvia cuando amanecía. Con avidez y regocijo, bebió largamente el agua fresca y reconfortante. Se acordó que hacía mucho no se alimentaba. Esperó guarecido en una saliente de piedra caliza y cuando la tormenta pasó, decidió explorar la isla. Trepó con dificultad algunas rocas, luego otras y otras...solo veía la desolación de una superficie volcánica sin rastros de vegetación. Se resbaló varias veces ,le dolía todo y estaba hambriento. Se alegró que el sol aún no se asomara con su fuego inclemente que como látigo había azotado su cuerpo varios días. Al apoyar su mano en una roca, descubrió varios huevos oscuros en un nido oscuro también. Sin pensarlo los comió con ansiedad. No sintió ningún sabor, pero supo que podría vivir un poco más. Buscaría otros nidos. No había visto ningún pájaro aún.
Extrañas formaciones de piedra caliza, le hicieron pensar en un templo megalítico.
¿Dónde estaba? ¿A dónde lo había empujado el mar? ¿Qué era aquello? En Escandinavia había visto algo parecido que se remontaba a varios siglos aC. pero ahora estaba en otras latitudes... sus cansados pero bellos ojos verdes se llenaron de asombro y duda. Caminó entre aquellas fantasmales formaciones y si hubiera sido gorila- pensó- se hubiera golpeado el pecho en señal de posesión.
Aquel viejo marino tenía aún la fortaleza espiritual que lo mantenía esperanzado y sacando fuerzas dio toda la vuelta a la isla encontrándose de nuevo frente a su pequeña embarcación rescatada del naufragio.
Miró la isla inhóspita y desierta, arrastró el bote hasta el agua y se perdió nuevamente en el mar.
Gilda Ledesma Blashett - Bs.As. marzo 2014
Reservado todos los derechos
Ayer
He abierto los ojos
ante la presencia silenciosa
de mis nostálgicos ayeres
y, los he visto mirarme
desafiantes
desde la penumbra azul
de los recuerdos.
Rencorosos los sueños incumplidos
y los proyectos fracasados,
danzaban desnudos
al compás de fúnebres campanas
que tañendo en el ocaso
me hablaban de inexorables relojes
de tiempos irrepetibles...
Estaban ante mí
cubiertos sus rostros
con el velo que tejieron
artesanales arácnidos.
Me acerqué.
Se acercaron.
Vi que lloraban en silencio.
Les pedí perdón.
Me abrazaron.
( reservado todos los derechos)
ante la presencia silenciosa
de mis nostálgicos ayeres
y, los he visto mirarme
desafiantes
desde la penumbra azul
de los recuerdos.
Rencorosos los sueños incumplidos
y los proyectos fracasados,
danzaban desnudos
al compás de fúnebres campanas
que tañendo en el ocaso
me hablaban de inexorables relojes
de tiempos irrepetibles...
Estaban ante mí
cubiertos sus rostros
con el velo que tejieron
artesanales arácnidos.
Me acerqué.
Se acercaron.
Vi que lloraban en silencio.
Les pedí perdón.
Me abrazaron.
( reservado todos los derechos)
YO CONOCI AL PERSONAJE DEL CUADRO
-Rajate ya... te están buscando.
-Qué? Que pasa?
-Tiene que ser ahora si querés salvar el pellejo. Andate HOY !!!
-Qué sucede Almirante ?...
-No preguntes nada y andate lo más rápido posible. Tengo que cortar. Estás prevenido.
Aquella voz grave y autoritaria resonaba en los oídos del pintor que miraba atónito el teléfono. Caminó por la casa anonadado. En el taller, un caballete enorme sostenía aquella tela recién manchada con un rojo sangre y largas pinceladas negras... parecía un presagio. La voz del teléfono era la de un personaje siniestro que por alguna razón se había humanizado.
"Rajate ya, te están buscando" Esta frase tan breve tenía dos lecturas: era una órden y era un consejo. El pintor se miró en el espejo del baño que le devolvió un imagen desorientada. Qué hago? se preguntó... a dónde voy? Pasaron unos minutos cuando el teléfono volvió a sonar. No sabía si atender o no. Dudó y lo dejó sonar, pero nuevamente la campanilla insistente y reiterada lo decidió.
- Hola !
- Por fín, dónde estabas?
- Hablá rápido porque tengo que salir.
- Te vinieron a buscar. Creo que eran...
- Ya sé, ya se... Qué les dijiste?
- La verdad, que estamos separados. Que yo vivo con los chicos. Dijeron que volverían, estoy muy preocupada. En qué andás?
- No te aflijas, debe ser un error. Yo voy a desaparecer por un tiempo.
- A dónde vas? Con quién?
- Aún no se. Ya te mandaré algún mensaje Voiy a cortar
- Cuidate!
- Vos también. Besos a los chicos.
Tomó la agenda y por precaución fue a un teléfono público. El gerente de la agencia de viajes estaba ocupado así que lo atendió la secretaria.
- Hola maestro, qué gusto, a dónde piensa ir?
- A España y es necesario que me consiga un pasaje para hoy.
- El vuelo de hoy está sobrevendido. Parece que todos eligen el mismo destino. Tendría que ser... a ver, déjeme chequear... el miércoles a las 22,15 hs.
- No, no, no. No me entiende. HOY!!! HOY!!!
- Imposible.
- Que tiene para ahora, cualquier destino.
- Frankfour 23,30 hs.
- Perfecto. Dentro de un rato paso.
Volvió a su casa taller y destapó una lata de las muchas que había en el lugar, con la diferencia que ésta no contenía pintura. Sacó un paquete y lo colocó sobre la mesada. Deparó los billetes, 5.300 dólares. Guardó algo en la riñonera que ajustó a su cinrura y otro poco en el bolso de mano que llevaría como único equipaje. Juntó alguna ropa, el pasaporte, la agenda, la foto de los chicos y salió.
*** 2 ***
Un Falcon verde se detuvo. Tres hombres que parecían calcados se dirigieron a la casa. Los tres eran de pelo negro, tupido bigote, anteojos ahumados, traje oscuro.
Golpearon. Esperaron... decidieron entrar y forzaron la cerradura. Buscaron al ausente por toda la casa revisando hasta el más mínimo detalle. La ropa estaba en su lugar. La heladera tenía alimentos frescos. En el taller estaban algunos cuadros húmedos aún. Se miraron. El silencio pesaba incierto. No parecía que se hubiera ido. Todo estaba bien. Se sentaron a esperar. Fumaron varios cigarrillos. De pronto sonó el teléfono. Se miraron.
- Atendé (ordenó uno)
- Quien és?
- Ah, hola, soy Juan el techista. Quería saber si puedo ir el sábado para ver lo de la humedad...
- Sí, claro, puede venir, adiós.
- Es evidente que está. Lo pescaremos. Vamos a poner una guardia en la esquina para que avise cuando llegue. Va a caer y va a cantar todo lo que sabe.
- Avisá que manden al gordo así nos vamos.
Cuando llegó el relevo se marcharon. Ya habían pasado dos horas.
*** 3 ***
- David, soy yo
- Hola amigo, como estás?
- Necesito ayuda. Escuchame bien. Voy a ser breve. Juntame todo el dinero que tengas disponible a cuenta de los cuadros.
- Para cúado?
- Para ahora
- Qué pasa pibe?
- David, no puedo entrar en detalles. Te espero en la Plaza San Martín a las siete con lo que tengas.
- El Banco ya está cerrado. En casa tengo un pucho.
- Hacé lo que puedas. Te espero. Chau ( cortó)
David quedó pasmado. Una actitud desconocida, misteriosa... le dió miedo. En qué andaría? Eran las seis de la tarde, faltaba una hora. Estaban a pocas cuadras. Por qué no vino a la Galería? Estaría huyendo de alguien? Activista, no es, que yo sepa. Mientras pensaba calculó: tengo tres cuadros que valen alrededor de treinta mil dólares. Antes de fin de año se venden. Es premio Nacional. Es un a amigo... él confía en mí... Salió rápidamente y se dirigió a su casa. Esquivando a la esposa se encerró en la biblioteca. Corrió la alfombra, bajó al pequeño sótano y sacó la caja de zapatos. Contó: 20 Mejicanos de oro, 12 Chilenos de oro. Separó el efectivo, cinco mil dólares, hizo un paquetito y salió.
La plaza elegante e iluminada como siempre, estaba a la vista. El viento apacible del otoño de Buenos Aires remolineaba cada tanto algún conjunto de hojas recientemente desprendidas de los árboles vecinos. Un ir y venir incesante de personas apuradas, comerciantes, empleados, turistas...
David agudizó la mirada en busca del pintor amigo. Miró el reloj. Siete menos cinco. Dónde estará? Su viejo corazón latía asustado. Alguien lo tocó. Giró rápidamente y al verlo ahí, sintió alivio y alegría. Las preguntas se agolparon después del abrazo. Se sentaron en un banco y charlaron.
- No te puedo contar más de lo que te dije porque no quiero comprometerte. Te juro que no tengo nada que ver. Me voy por precaución. Me avisaron que estoy en riesgo y el que me lo dijo, sabe de que habla. Disponé de las obras que están en el taller. Si te preguntan, deciles que las necesitás para una exposición.
David le dió el paquetito. Se abrazaron de nuevo al llegar a la esquina.
- Hasta siempre amigo. Te estoy muy agradecido.
Cruzó la calle para tomar un taxi rumbo al aeropuerto. El galerista lo vio de espaldas y le pareció más alto que nunca, como una estatua griega representando a Zeus.
***4***
En Madrid era primavera. El viento fresco del atardecer le recordó el otoño de la patria y la caliz del idioma lo hizo sentirse mejor. Por un tiempo no se conectaría con nadie. En España había otros artistas que como él buscaban refugio a una persecución absurda.
***5***
Un coche oscuro esperaba en la esquina de la escuela. Grupos de adolescentes salían charlando y riendo. Una voz dijo: Paloma? y ella respondió. Se la llevaron. Tenía 16 años. El odio contra el pintor que no pudieron encontrar, se manifestó cruelmente en el secuestro y desaparición de su hija.
***6***
Transcurrieron varios años.
Otras hojas desteñidas crujen aplastadas por otros pasos apurados. Por la calle mojada, camina delante de su sombra como arrastrando una pesada carga. Sería él? Aquel hermoso Apolo, príncipe del Olimpo, admirado por su talento, sencillez y belleza? Sí. Nada en él era vulgar. No podía ser confundido, pero había cambiado algo, su mirada. Aquellos ojos soñadores ya no tenían brillo y sus párpados caín cansados dándole al rostro una expresión de tristeza. Se alejaba despacio, por el tortuoso sendero de las sierras. Su refugio estaba en aquel pueblo sencillo, entre montañas y riachos serpenteantes.
La calle,encharcada de lluvia compartía con el viento del Este la presencia solitaria del pintor. Nunca se perdonó el haber huido solo. Jamás pensó que su partida perjudicaría a su familia. Aquel hermoso joven tan admirado por su galerista, se convirtió en poicos años, en un encorvado anciano con el corazón lacerado para siempre.
***7***
En el elegante Salón de Exposiciones, el público observaba en silencio las últimas obras expuestas cuyo contenido desconcertaba. Oscuras, tétricas, extrañas.
- Qué te pasa? A media voz preguntó Bety al ver mis lágrimas
- Esa obra me conmueve. Es tan triste!
- "El Pintor" Qué buena composición !
- Si. El hombre parado junto a la mesa con tarros de pintura. Solo eso, pero fijate los ojos, parecen secos y las manos artrosicas, cansadas. Es el, es como una biografía. Yo conoci al personaje del cuadro. Fue un joven idealista que se fue del país para salvar su vida y al no poder capturarlo, en represalia le mataron a la hija.
- Pero, vive aun este personaje...
- Si... pero está muerto.
Reservado todos los derechos
-Qué? Que pasa?
-Tiene que ser ahora si querés salvar el pellejo. Andate HOY !!!
-Qué sucede Almirante ?...
-No preguntes nada y andate lo más rápido posible. Tengo que cortar. Estás prevenido.
Aquella voz grave y autoritaria resonaba en los oídos del pintor que miraba atónito el teléfono. Caminó por la casa anonadado. En el taller, un caballete enorme sostenía aquella tela recién manchada con un rojo sangre y largas pinceladas negras... parecía un presagio. La voz del teléfono era la de un personaje siniestro que por alguna razón se había humanizado.
"Rajate ya, te están buscando" Esta frase tan breve tenía dos lecturas: era una órden y era un consejo. El pintor se miró en el espejo del baño que le devolvió un imagen desorientada. Qué hago? se preguntó... a dónde voy? Pasaron unos minutos cuando el teléfono volvió a sonar. No sabía si atender o no. Dudó y lo dejó sonar, pero nuevamente la campanilla insistente y reiterada lo decidió.
- Hola !
- Por fín, dónde estabas?
- Hablá rápido porque tengo que salir.
- Te vinieron a buscar. Creo que eran...
- Ya sé, ya se... Qué les dijiste?
- La verdad, que estamos separados. Que yo vivo con los chicos. Dijeron que volverían, estoy muy preocupada. En qué andás?
- No te aflijas, debe ser un error. Yo voy a desaparecer por un tiempo.
- A dónde vas? Con quién?
- Aún no se. Ya te mandaré algún mensaje Voiy a cortar
- Cuidate!
- Vos también. Besos a los chicos.
Tomó la agenda y por precaución fue a un teléfono público. El gerente de la agencia de viajes estaba ocupado así que lo atendió la secretaria.
- Hola maestro, qué gusto, a dónde piensa ir?
- A España y es necesario que me consiga un pasaje para hoy.
- El vuelo de hoy está sobrevendido. Parece que todos eligen el mismo destino. Tendría que ser... a ver, déjeme chequear... el miércoles a las 22,15 hs.
- No, no, no. No me entiende. HOY!!! HOY!!!
- Imposible.
- Que tiene para ahora, cualquier destino.
- Frankfour 23,30 hs.
- Perfecto. Dentro de un rato paso.
Volvió a su casa taller y destapó una lata de las muchas que había en el lugar, con la diferencia que ésta no contenía pintura. Sacó un paquete y lo colocó sobre la mesada. Deparó los billetes, 5.300 dólares. Guardó algo en la riñonera que ajustó a su cinrura y otro poco en el bolso de mano que llevaría como único equipaje. Juntó alguna ropa, el pasaporte, la agenda, la foto de los chicos y salió.
*** 2 ***
Un Falcon verde se detuvo. Tres hombres que parecían calcados se dirigieron a la casa. Los tres eran de pelo negro, tupido bigote, anteojos ahumados, traje oscuro.
Golpearon. Esperaron... decidieron entrar y forzaron la cerradura. Buscaron al ausente por toda la casa revisando hasta el más mínimo detalle. La ropa estaba en su lugar. La heladera tenía alimentos frescos. En el taller estaban algunos cuadros húmedos aún. Se miraron. El silencio pesaba incierto. No parecía que se hubiera ido. Todo estaba bien. Se sentaron a esperar. Fumaron varios cigarrillos. De pronto sonó el teléfono. Se miraron.
- Atendé (ordenó uno)
- Quien és?
- Ah, hola, soy Juan el techista. Quería saber si puedo ir el sábado para ver lo de la humedad...
- Sí, claro, puede venir, adiós.
- Es evidente que está. Lo pescaremos. Vamos a poner una guardia en la esquina para que avise cuando llegue. Va a caer y va a cantar todo lo que sabe.
- Avisá que manden al gordo así nos vamos.
Cuando llegó el relevo se marcharon. Ya habían pasado dos horas.
*** 3 ***
- David, soy yo
- Hola amigo, como estás?
- Necesito ayuda. Escuchame bien. Voy a ser breve. Juntame todo el dinero que tengas disponible a cuenta de los cuadros.
- Para cúado?
- Para ahora
- Qué pasa pibe?
- David, no puedo entrar en detalles. Te espero en la Plaza San Martín a las siete con lo que tengas.
- El Banco ya está cerrado. En casa tengo un pucho.
- Hacé lo que puedas. Te espero. Chau ( cortó)
David quedó pasmado. Una actitud desconocida, misteriosa... le dió miedo. En qué andaría? Eran las seis de la tarde, faltaba una hora. Estaban a pocas cuadras. Por qué no vino a la Galería? Estaría huyendo de alguien? Activista, no es, que yo sepa. Mientras pensaba calculó: tengo tres cuadros que valen alrededor de treinta mil dólares. Antes de fin de año se venden. Es premio Nacional. Es un a amigo... él confía en mí... Salió rápidamente y se dirigió a su casa. Esquivando a la esposa se encerró en la biblioteca. Corrió la alfombra, bajó al pequeño sótano y sacó la caja de zapatos. Contó: 20 Mejicanos de oro, 12 Chilenos de oro. Separó el efectivo, cinco mil dólares, hizo un paquetito y salió.
La plaza elegante e iluminada como siempre, estaba a la vista. El viento apacible del otoño de Buenos Aires remolineaba cada tanto algún conjunto de hojas recientemente desprendidas de los árboles vecinos. Un ir y venir incesante de personas apuradas, comerciantes, empleados, turistas...
David agudizó la mirada en busca del pintor amigo. Miró el reloj. Siete menos cinco. Dónde estará? Su viejo corazón latía asustado. Alguien lo tocó. Giró rápidamente y al verlo ahí, sintió alivio y alegría. Las preguntas se agolparon después del abrazo. Se sentaron en un banco y charlaron.
- No te puedo contar más de lo que te dije porque no quiero comprometerte. Te juro que no tengo nada que ver. Me voy por precaución. Me avisaron que estoy en riesgo y el que me lo dijo, sabe de que habla. Disponé de las obras que están en el taller. Si te preguntan, deciles que las necesitás para una exposición.
David le dió el paquetito. Se abrazaron de nuevo al llegar a la esquina.
- Hasta siempre amigo. Te estoy muy agradecido.
Cruzó la calle para tomar un taxi rumbo al aeropuerto. El galerista lo vio de espaldas y le pareció más alto que nunca, como una estatua griega representando a Zeus.
***4***
En Madrid era primavera. El viento fresco del atardecer le recordó el otoño de la patria y la caliz del idioma lo hizo sentirse mejor. Por un tiempo no se conectaría con nadie. En España había otros artistas que como él buscaban refugio a una persecución absurda.
***5***
Un coche oscuro esperaba en la esquina de la escuela. Grupos de adolescentes salían charlando y riendo. Una voz dijo: Paloma? y ella respondió. Se la llevaron. Tenía 16 años. El odio contra el pintor que no pudieron encontrar, se manifestó cruelmente en el secuestro y desaparición de su hija.
***6***
Transcurrieron varios años.
Otras hojas desteñidas crujen aplastadas por otros pasos apurados. Por la calle mojada, camina delante de su sombra como arrastrando una pesada carga. Sería él? Aquel hermoso Apolo, príncipe del Olimpo, admirado por su talento, sencillez y belleza? Sí. Nada en él era vulgar. No podía ser confundido, pero había cambiado algo, su mirada. Aquellos ojos soñadores ya no tenían brillo y sus párpados caín cansados dándole al rostro una expresión de tristeza. Se alejaba despacio, por el tortuoso sendero de las sierras. Su refugio estaba en aquel pueblo sencillo, entre montañas y riachos serpenteantes.
La calle,encharcada de lluvia compartía con el viento del Este la presencia solitaria del pintor. Nunca se perdonó el haber huido solo. Jamás pensó que su partida perjudicaría a su familia. Aquel hermoso joven tan admirado por su galerista, se convirtió en poicos años, en un encorvado anciano con el corazón lacerado para siempre.
***7***
En el elegante Salón de Exposiciones, el público observaba en silencio las últimas obras expuestas cuyo contenido desconcertaba. Oscuras, tétricas, extrañas.
- Qué te pasa? A media voz preguntó Bety al ver mis lágrimas
- Esa obra me conmueve. Es tan triste!
- "El Pintor" Qué buena composición !
- Si. El hombre parado junto a la mesa con tarros de pintura. Solo eso, pero fijate los ojos, parecen secos y las manos artrosicas, cansadas. Es el, es como una biografía. Yo conoci al personaje del cuadro. Fue un joven idealista que se fue del país para salvar su vida y al no poder capturarlo, en represalia le mataron a la hija.
- Pero, vive aun este personaje...
- Si... pero está muerto.
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Datos personales
- Gilda
- Nació en Rosario donde cursa estudios universitarios en Letras. Radicada en la Capital Federal estudia con Raota fotografía y laboratorio; con Perla Cordini, escultura y cerámica; con B.Jesiot, R.Insaurralde,Marcos Borio, Miguel A. Bengochea,pintura. Realiza cursos de Arte con el crítico F.Fevré y figura en diversos Libros relacionados con las Artes Plásticas. Ha realizado 12 exposiciones individuales y obtenido premios y distinciones nacionales y extranjeras.En marzo 2012 aparecerá su nuevo libro " Transitando Recuerdos" ediciones Del Dragón.









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